Abre los ojos, abre los ojos…
César, un guaperas interpretado por Eduardo Noriega, ha heredado una gran fortuna de sus padres cosa que le permite vivir en una lujosa casa y organizar tantas fiestas como quiera. En una de estas fiestas, su amigo Pelayo le presenta a Sofía y César quedará enamorado de ella por lo que su anterior amante, Nuria, siente celos de ella. Después de pasar la noche juntos, César decide volver a casa y Nuria se ofrece a llevarlo en coche. Nuria acelera, da un giro de volante e intenta matar a ambos en el accidente, pero César consigue sobrevivir. Despierta en el hospital y su atractivo rostro se ha desfigurado por completo a causa del accidente.

A partir de este momento el espléndido Alejandro Amenábar entrelaza dos tramas situadas en diferentes tiempos. Por un lado nos presenta al joven deformado que intenta rehacer su vida y conseguir a Sofía. Por otro lado, vemos a César encerrado en una institución psiquiátrica por haber cometido un crimen y como su psicólogo intenta averiguar qué pasó.
Amenábar va dejando pistas que los espectadores pasan por alto y va tirando de la narración hasta que el espectador es consciente de que está frente a una división, unos mundos paralelos, una realidad virtual o imaginaria. César ha recuperado su bonito rostro pero Nuria sigue vive o resulta que es Sofía. ¿Se ha vuelto loco César? En todo este confuso universo, el director aprovecha para regalarnos planos de ciudades cementerio, completamente desiertas, o escenas que parecen bucles, siempre volviendo a empezar en la cama pero cada vez con mayor miedo de recorrer el camino hasta el espejo porque no sabemos qué vamos a ver en él.
Según se acerca el final del film, parece que César entiende por qué su mundo está mal programado y Nuria es Sofía. Resulta la cirugía estética no estaba tan avanzada en el momento de su accidente por lo que decidió someterse a la criogenización, congelar su cuerpo para ser descongelado en el momento en que fuese posible reconstruir su cara. Durante su congelación, el cree seguir viviendo en un universo creado a partir de sus recuerdos, pero un fallo de los “creadores” hizo confundir a la mujer de su vida en su acosadora y suicida ex, empujándolo a vivir una auténtica pesadilla.
El calvario y confusión que César vive es comparable a la incomprensible realidad en la que Scottie en Vértigo de Hitchcock se ve atrapado. Para despertar de este inquietante sueño, el protagonista tendrá que dejar de lado cualquier tipo de vértigo y saltar desde lo alto de un edificio. Al igual que en el comienzo de la película escuchamos una dulce voz: Abre los ojos, abre los ojos, abre los ojos.
Abre los ojos es, en definitiva, un inquietante film que ataca temas como la superficialidad y la envidia; consigue introducir espectador en esta vertiginosa espiral de ciencia ficción.





