Artículo escrito:

El prólogo de la alteridad 0

Jul2

El prólogo de Persona, posiblemente la mejor obra de Ingmar Bergman, sugiere diversos temas a través de una serie de imágenes, aparentemente inconexas y sin relación alguna con la temática de la película, que bombardean a los ojos del espectador como flashes. Sin duda, la atmósfera vanguardista está latente a lo largo de los cinco primeros minutos de la obra.

El primer tema que podemos diferenciar es el del cine, presente por las tiras de papel de celuloide, el proyector, la pantalla, el sketch de humor clown, etc. No es de extrañar que Bergman barajase inicialmente un título completamente distinto para su film, El cinematógrafo, pues si algo queda claro es que el director es muy consciente de que está haciendo un estudio sobre el cine y como aparecen las imágenes en él. Seguidamente, y aunque de manera más subliminal, trata el tema del sexo pues, brevemente, nos muestra en un primer momento un pene y prácticamente al final del prólogo una vagina y aunque en la película no veremos ninguna relación sexual explícita sí que se puede interpretar que existe cierta tensión sexual entre las protagonistas; además una de ellas cuenta relaciones pasadas. También se puede identificar la religión o, al menos, ésta reducida a la escena de la crucifixión y, ésta a su vez, al acto de clavar una mano; se respira cierto dolor, angustia y sufrimiento y, sin lugar a dudas, nos remiten a la idea de la entrega y la muerte por los demás. Por último, la muerte, ya que las últimas escenas nos sitúan en un tanatorio y a pesar de que sea un lugar que simboliza el fin de la existencia es allí donde se crean las primeras imágenes de las protagonistas.

Posiblemente, el aspecto más criticable es su conexión poco directa con el film, pues únicamente vemos los rostros de las protagonistas fundirse al final del prólogo. Pero una vez vista la obra entera, podemos crear nuestras propias interpretaciones y entender que el niño desconocido que intenta arroparse no es más que el hijo de la actriz o el que la enfermera perdió en su aborto, que acaricia la pantalla porque añora a su madre.

Como podemos observar la enfermera se entrega a la actriz y, a su vez, emprende una serie de confesiones sistemáticas, y aunque podamos dudar cuál de las dos es la paciente, no cabe duda que tanto la entrega como la confesión son dos actos ligados a la religión.

Interpreto que Bergman está tratando temas que le preocupan tanto como artista y creador (momentos sobre lo cinematográfico) como otros, la religión, el sexo y la muerte, que trascienden a su vida, a su persona.

Tema diseñado por Dariusz Siedlecki.
Traducido por Mundoblog y Plantillas Wordpress.