Un tren, una metáfora
Europa, al igual que el resto de films de su primera trilogía (la trilogía de Europa, inaugurada por El elemento del crimen), muestra el viaje de un hombre a un lugar extraño para él dónde intenta salvar la gente pero fracasando en este intento, es el caso del joven Leopold Kessler, el cual vuelve a Alemania tras la época nazi para ocupar un puesto de trabajo en la empresa ferroviaria Zentropa (que “casualmente” coincide con el nombre de la productora del cineasta). Es un film poligenérico, puesto que mezcla géneros como el negro y el melodrama, en el que la mente del personaje principal se va deteriorando a medida que los fotogramas desfilan, aspecto que se mantiene a lo largo de su filmografía, llevándolo a la muerte y recreándose especialmente en el sufrimiento, especialmente en la extensa secuencia final donde Leopold se ahoga bajo el agua.

En la película encontramos muchas referencias a otros cineastas, desde el tren y la fotografía expresionista que rápidamente asociamos con Fritz Lang, hasta la típica tensión de Hitchcock creada por la bomba, pasando por la unión del Eros y el Tánatos tal y como lo hace Sirk en Escrito sobre lo viento. También es necesario destacar la apertura del film, con una profunda voz en off la cual nos practica una sesión de hipnosis, símil que refleja perfectamente aquello que el director piensa que es el cine, así como la superposición de planos en color sobre otras en blanco y negro cosa que, a pesar de no tener una función específica, hace evidente la voluntad de experimentar: el director juega con todos los elementos formales que le pone al alcance el medio, los mismos que se dedicaría a dinamitar a lo largo de su carrera posterior.
En definitiva, es un film que transcurre a un tren que, a modo de arca de Noé, recoge a los diferentes prototipos de la Alemania de la época, convirtiéndose en una arriesgada metáfora de Alemania. Además, con la figura del protagonista se cuestiona la frontera entre la bondad y la locura.
El director danés nos muestra que en nuestra sociedad todos hacemos imposible la existencia de personas buena porque todos nos movemos por nuestros intereses manipulando a los otros, como hacen con Leo en Europa. Es un tema que también recuperará en films posteriores, como en Rompiendo las olas o en Dogville, dónde la inocente protagonista, personificación de la bondad, no morirá sino que se corromperá y acabará siendo tanto cruel como aquellos que la han (¿la hemos?) maltratado. Quizás la visión del cineasta sobre la sociedad es así de negativa, o quizás es una advertencia, pero el que no podemos dudar es que a angustia que este tema provoca en el director acaba invadiéndonos y, con un malestar general, nos invita a la profunda reflexión.





