Un western bíblico
Gran Torino nos presenta al viejo Walt, cuya máxima y única pasión es cuidar de su coche Gran Torino, quien a pesar de vivir rodeado de inmigrantes se muestra completamente reacio a establecer cualquier tipo de relación con ellos y es crítico con todo lo que éstos hacen: es un hombre con prejuicios. Evidentemente, las circunstancias hacen que Eastwood, al más puro estilo western, encarne la figura de salvador y, aunque sin caballo pero sí con coche, salga en defensa de sus vecinos.
El hijo menor de sus vecinos, Thao, presionado por la banda de malotes de su primo tendrá que superar un reto para unirse a esta pandilla de chicos duros: tendrá que robar el coche del viejo americano. Walt sorprende al joven en su garaje y lo devuelve a su familia: sus prejuicios aumentan, pero no por mucho tiempo pues, pronto descubre a Thao siendo golpeado por los amigos de su primo por negarse a aceptar otra prueba; Walt interviene y la familia del joven, en forma de agradecimiento, obligarán al pequeño a ayudarle en sus tareas. Empieza a establecerse una conmovedora relación paterno-filial entre ambos que se verá fortalecida por las circunstancias: la banda del primo abusa y maltrata a la hermana de Thao, Sue. El personaje de Eastwood se ve moralmente obligado a intervenir: elabora un plan mediante el cual el grupo de amigos del primo le disparará sin piedad al pensar que es él quien va a atacar, cuando en realidad sólo estará sacando el mechero y así, la justicia tendrá motivos para encarcelar a estos bandidos.

Aunque la comparación con un western puede parecer un poco arriesgada hay elementos que nos pueden llevar a considerarlo como tal, eso sí, situado en la ciudad: encontramos la voluntad del sacrifico, la soledad del héroe, la amenaza con la venganza, etc. En este western el vaquero está rodeado de indios, pero como él mismo irá descubriendo tiene mucho más en común con ellos que con su propia familia.
Al mismo tiempo es necesario destacar el acto del sacrificio, el cual conecta directamente con el relato bíblico de la entrega de Jesucristo para salvar a los Hombres. Es curioso, pues, observar que cuando cae muerto queda con los brazos extendidos, en forma de cruz, tal y como murió Jesús.
Los espectadores somos tanto el joven Thao aprendiz que necesita saber cómo enfrentarse a sus enemigos y, al mismo tiempo, el Walt lleno de prejuicios que nos conducen a rechazar a los demás.
Gran Torino es, entre otras muchas cosas, una reflexión sobre la necesidad cuestionar nuestros prejuicios, una lección sobre tolerancia, entrega incondicional, y la necesidad de controlar nuestros impulsos y sed de venganza. ¿Un western bíblico?





